Belleza, creatividad y familia: el recuerdo de Azzedine Alaïa

Si había algo que Azzedine Alaïa, fallecido este fin de semana a los 77 años, disfrutaba más que hacer ropa, era sentarse a comer con su “familia” de supermodelos, personajes famosos, estrellas y artistas. Para Alaïa, que reinventó la silueta moderna de la mujer, la familia significaba una extensa tribu de supermodelos, personajes famosos, estrellas, artistas importantes y un grupo de adoración que se sentaban para almorzar o cenar en la cocina de su casa en Le Marais.

Alaia en la Galleria Borghese - Foto: Ansa

Para los fashionistas, cenar en la mesa de Alaïa era un rito de iniciación. Como un golfista jugando en St Andrew's o un cantante de country presentándose en el Grand Ole Opry de Nashville, si no habías almorzado en la cuisine de Alaïa, seguías siendo un estudiante de moda. La media docena de veces que cené ahí siempre había una supermodelo al lado de Alaïa: Naomi Campbell en un lánguido almuerzo para 30 personas, Stephanie Seymour para una cena pos apertura de 45, Yasmin Le Bon en un brunch de lanzamiento de Harper's Bazaar. La mayoría de estas bellezas lo llamaban papá, lo que tenía sentido al ver que las había puesto durante años en su multifacética sede: una amalgama de fábrica, fachada de mansión de piedra tallada, galería de arte, zapatería y almacén diseñados por Marc Newson, repletos de enormes cuadros de Schnabel.

Las mujeres iban porque ningún diseñador redefinió mejor el cuerpo de una mujer que Alaïa, con su esculpida y arquitectónica línea abrazada a la figura. En ese entonces, irónicamente, Azzedine siempre vestía de forma muy simple, siempre de algodón negro. Físicamente, él era pequeño pero su influencia fue inmensa. Antes de Alaïa, las mujeres ciertamente podían lucir exóticas, hermosas y seductoras, pero Alaïa las convirtió en superheroínas, una inspiración que continúa hasta hoy. Han pasado 37 años desde su primer desfile y 33 desde que fue nombrado como Mejor Diseñador del Año en París, cuando Grace Jones, quien vistió un diseño Alaïa en la película "A View To Kill", llevó al escenario al diminuto Azzedine en sus brazos. Esta década, él vistió a dos Primeras Damas, Carla Bruni y Michelle Obama, así como a Kim y Kendall, Rihanna y Ashanti, y no olvidemos a Nicole Kidman y Katie Holmes. Y ninguna temporada de pasarela está completa sin referencias a la obra de Alaïa, la cual ha sido vista en Christopher Kane, Marios Schwab, Roland Mouret y Victoria Beckham, por nombrar algunos.

Azzedine Alaïa con Grace Jones - AFP/Georges Bendrihem

Nacido en una familia de terratenientes, Alaïa llegó a París en 1957, dejando su Túnez natal para un trabajo en Christian Dior que solamente duró una semana. Después de trabajar en Guy Laroche y Mugler, abrió su propia maison en 1980, donde diseñaba para Greta Garbo o Crazy Horse Strippers.

"En la universidad rápidamente me di cuenta que nunca sería un gran escultor,  así que cambié de ruta, lo cual fue más fácil porque siempre amé la moda", Alaïa me dijo una vez. Alaïa era un anfitrión tan acogedor, que su chef optó por llamar a su cocina el Gare du Nord. Como el Andy Warhol de la moda en París, él presentaba happenings masivos en su galería, como el de MR2 Kabarett del artista Mike Bouchet el año pasado, donde los meseros servían vino de bidones, los marineros enojados organizaban combates de lucha de arte y las mujeres se deslizaban por la espalda de un elefante gigante. Durante las temporadas de pasarelas, podían asistir personajes como Kanye West y Pedro Almodóvar hasta Kim Kardashian y Livia Firth.

Los grandes diseñadores rara vez conceden fittings personalizados, pero Alaïa podía ver múltiples clientes: un minuto estaba mirando con adoración a una princesa de Medio Oriente, al otro estaba con una estrella de cine, antes de desaparecer con una modelo en su inmenso cuarto de fitting.


Azzedine Alaïa - AFP/Archives / Gabriel BOUYS
 
Su estudio loft en la parte de arriba estaba repleto de prendas hermosas: percheros con vestidos bustier de macramé y cuero cortado con láser; seductores vestidos cócteles acanalados o maravillosas chaquetas de Robin Hood con sus características arandelas.
 
A pesar de sus grandes talentos, Alaïa tuvo una carrera errática. Volvió locos a los grandes almacenes estadounidenses al no querer presentarse durante el horario oficial de París, obligándolos a realizar viajes de regreso a través del Atlántico, los cuales finalmente dejaron de hacer.

En total, asistí a seis pasarelas de Alaïa, incluyendo su último desfile el pasado mes de julio. El ex ministro francés de Cultura, Jack Lang, e incluso su colega el diseñador Nicolas Ghesquière de Louis Vuitton se sentaron en la primera fila. Combinando pistas flexibles de metal, tiras de cuero y telas tejidas en prendas de gran potencia, como chaquetas de piel de serpiente y abrigos que se juntan con micro arandelas, Alaïa recibió una gran ovación por parte de los 400 invitados. Azzedine se vio en el Panteón creativo de la moda, allá arriba con Dior, Chanel y Schiaparelli.

Pocas cosas le gustaban más que su brillante exhibición en Roma en 2015, en la Baroque Galleria Borghese, titulada "Azzedine Alaïa. Couture/ Escultura", donde las estatuas clásicas estaban a lado de sus looks más icónicos. Las hermosas columnas de las diosas de la pantalla de mediados de lo noventa de Alaïa, sincronizadas con las bellezas romanas en las togas de mármol; o los magníficos Daphne y Apolo de Bernini, donde las manos del sujeto se transforman en árboles, rodeados por los diseños orgánicos del período de África de Azzedine.

"Soy un visitante en esta hermosa ciudad, pero mi moda sienta muy bien en casa", sonrió Alaïa, de quien no recuerdo haber estado más orgulloso.

Traducido por Francelia Rodriguez Ceballos

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