Birkenstock respira en las Tuileries

Si hay una marca que ha impactado este fin de semana en París ha sido Birkenstock. La marca de calzado alemana organizó una fiesta de jardín y su presentación atrajo lo bueno y lo mejor del mundo de la moda.


BirkenstockInstagram - Instagram: Birkenstock

“Básicamente estoy aquí para comprar las bebidas!”, bromeó Oliver Reichert, CEO de Birkenstock dentro de un edificio de madera a medida y pabellones de hierro forjado en Tuileries, donde los modelos desfilaron la última colección de calzado del grupo.
 
“Hay únicamente dos lugares en el mundo donde es relevante estar presente como marca y son Nueva York y París. No podemos compararnos con Chanel o Dior ni la gente espera que lo hagamos. Por lo tanto, nuestro papel es crear algo como esto. Ofrecer bebidas y dejar que la gente vea nuestra gran variedad”, explicó.
 
Además de los modelos, había una mesa de unos 40 metros de largo repleta de zapatos. Desde la clásica Arizona de dos tiras plateada, cromada, en dorados metálicos, pasando por el mítico zueco Boston renovado con efecto de brillantina, hasta la mejor de todas, la Gizeh Eva en azules, rojos y amarillos.
 
Birkenstock ha colaborado con importantes nombres como Heidi Klum, aunque Reichert temiera que el evento de París no trajera la colaboración con grandes iconos de la moda.
 
“Estamos en la moda como marca de backstage, donde todo el mundo lleva Birkenstock. Fotógrafos, maquillaje y peluquería y directores de arte”, insistió el energético Reichert, nacido en Múnich quien, extraño para un alemán, prefiere el rugby al fútbol.
 
Reichert es el primero en dirigir la marca que no forma parte de la familia de Johan Adam Birkenstock, quien fundó la empresa en 1774. Sus herederos desarrollaron los primeros moldes de la plantilla y sus sandalias obtuvieron un gran éxito tras la segunda Guerra Mundial entre los soldados que volvían de la guerra gracias a su plantilla ortopédica. La marca despegó de verdad a finales de los 60 cuando los hippies y la generación del flower power las cogieron como símbolo de contracultura.
 
Hoy día Birkenstock vende en torno a 30 millones de pares al año. Reichert declaró que los ingresos anuales exceden el medio billón de euros y  que “seguimos siendo altamente rentables”. Hace una década, las ventas anuales de la marca llegaban únicamente a los 120 millones de euros.
 
Con base en Neustadt, Birkenstock fabrica prácticamente todo en Alemania con más de 3.800 empleados.
 
“Nuestros stock está agotado por cuatro años. ¡Agotado!” exclamó entusiasmado el enorme alemán con jeans grises, una camisa negra y un par de Arizonas, aunque con las doradas hebillas del legendario joyero Patrick Muff.
 

 


Oliver Reichert - Birkenstock

 
“No estamos aquí para darnos promoción, sino para celebrar nuestras colecciones con una fiesta y un desfile. Tenemos 1.800 estilos así que, aunque a tu novia o a tu mujer no les guste Birkenstock, estoy seguro de que acabará encontrando algo que le guste. Siempre estamos buscando nuevas ideas. Alguien nos sugirió trabajar con escamas de peces brasileños y ahora lo hacemos. Estamos en las tiendas correctas. Nuestro último suministro a la tienda francesa Colette se agotó en tres horas. Estamos en el área clave de las tiendas”, declaró entusiasmado Reichert, antiguo ejecutivo de la televisión deportiva cazado por la marca en 2009.
 
Su primer trabajo fue resolver una serie de disputas entre los miembros de la familia, hasta que en 2013 creó una nueva estructura corporativa.
 
“Primero tuve que sufrir en la familia, que era un campo de batalla. Los primeros años el trabajo se fueron en la familia para clarificar la situación entre los hermanos y el padre. Después la sangre comenzó a llegar al cerebro y pudimos tomar decisiones y a día de hoy, ¡estamos celebrando en París!”, afirmó con una de sus profundas risas.
 
 
 

Traducido por Natalia Carrazon

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