Las dificultades de promover un comportamiento sostenible

Mientras que los representantes internacionales negocian actualmente en París para lograr un acuerdo de reducción de emisiones de carbono, las empresas enfrentan una presión cada vez mayor por controlar su impacto ambiental, desde la fabricación del producto hasta su embalaje y descomposición.   


H&M


Varias empresas han anunciado la adopción de energías renovables y al uso de materias primas de zonas gestionadas de forma sostenible. Sin embargo, afirman que los consumidores también deben cambiar sus costumbres, lo que no ha sido tarea fácil. Las ventas de autos eléctricos aún son muy limitadas, las personas siguen lavando su ropa co agua caliente y se siguen desperdiciando millones de toneladas de alimentos y ropa.   

Según un estudio de Unilever, las emisiones de carbono asociadas a sus productos provienen en un 70% de los consumidores; su producción sólo genera un 21%

Sin embargo, Irit Tamir, de la defensa de Oxfam, advierte de la tendencia de las empresas de cargar la responsabilidad de la sostenibilidad en los clientes: «necesitamos del compromiso de los consumidores, pero si nos enfocamos mucho en ellos, podemos terminar por liberar a las empresas de su propia responsabilidad“. Por su parte, Chip Bergh, presidente de Levi’s, dijo que los cosumidores son responsables del 50% del consumo de agua en el ciclo vital de unos vaqueros.



Un estudio de National Geographic y GlobeScan demuestra que la población es consciente del impacto negativo del calentamiento global pero los hábitos de consumo se han degradado en la industria, los modos de transporte, vivienda y alimentación en los últimos 3 años. Por su parte, Unilever tiene como objetivo reducir en 50% sus emisiones antes de 2020; pero afirma que las emisiones por cliente han aumentado un 4% por la reticencia a reducir el tiempo en la ducha.   

Frente a esta dificultad, las empresas se unen para adaptar el comportamiento. Fabricantes de detergente y grupos de moda se asocian para promover el lavado en agua fría; y los grandes fabricantes alimenticios se comprometen a reducir el desperdicio en un 50% en 5 años. El siguiente reto es convencer a los consumidores. 
 

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