Rodrigo Bazan o cómo convertir Thom Browne en una marca global

Si hay un diseñador en esta década que puede presumir de haber gozado de un éxito incuestionado, ese es Thom Brwone, que ha celebrado su nuevo desfile en París este domingo. Lo que comenzó como un taller de sastrería poco convencional en un pequeño estudio del Meatpacking District que producía trajes escolares para una pequeña élite, se ha convertido hoy en una de las marcas más influyentes de América y en un pujante negocio. Hace dos años contrató a Rodrigo Bazan, un argentino, para que fuera su CEO.


Rodrigo Bazan - Photo: Thom Browne

Thom Browne es un genial ejemplo de cómo todavía se pueden crear nuevos imperios de la moda y su momento de máximo crecimiento ha coincidido con la llegada de Bazan. El directivo comenzó como CEO de Thom Browne el 1 de mayo de 2016, dejando para ello el mismo puesto en Alexander Wang.

“Dejé mi trabajo un viernes por la tarde y comencé en el siguiente un lunes por la mañana. Pero ya había hecho mi búsqueda”, recuerda Bazan, quien pasó dos semanas viendo cada desfile de Thom antes de unirse a Browne.

En tres meses presentó un plan de expansión con la clave para el futuro de la marca, que pasaba por crear una fórmula que la conectara directamente con el consumidor. Cuando Bazan llegó, Browne era en un 75% un negocio de venta al por mayor.

Mundialmente, ahora Browne está disponible el 300 puntos de venta al por mayor de hombre y en 200 para mujer. Pero en términos de tiendas, entre las flagships y franquicias en Japón y Korea cuenta con una cadena de 29 a día de hoy. Bazan promete abrir otras 6 en 2018, siguiendo con la cifra de crecimiento de doble dígito de Thom Browne. Las fuentes del mercado indican que Browne rozó la cifra simbólica de 100 millones de dólares (81 millones de euros) en 2016 y creció un 25% en 2017.
 
“Construir una red de retail para complementar la venta al por mayor es un modo mucho más sostenible de crecer. Y tenemos unas ventas internacionales que continúan aumentando y ya van por el 30% en Norteamérica, el 40% en Europa y el 30% en Asia”, detalla.
 
“No necesitamos tiendas gigantescas. En Milán, por ejemplo, tenemos una ubicación fantástica junto a la puerta del Four Seasons. Necesitamos el tamaño adecuado y combinarlo con tecnología. Ampliamos la tienda de Nueva York para incluir colección de mujer y seguimos apostando por el liderazgo en Japón, donde pronto abriremos más franquicias de mujer”, explica Bazan mientras recuerda un 2017 de lo más ajetreado.
 
“Pasamos de 16 tiendas a 29 en dos años, y cada elemento es rentable, ¡cada tienda!”, cuenta entusiasmado.

Nacido en Argentina, de padre español y madre italiana, Bazan estudió en la Universidad de san Diego antes de mudarse a Londres a los 24 años para trabajar en Motorola.
 
Después de leer un ejemplar de la revista ‘Time’ del año 2001 sobre Domenico De Sole y Tom Ford, en el que se hablaba de “cómo un increíblemente talentoso diseñador y su visionario CEO cambiaron el rumbo de una compañía que se aproximaba a la bancarrota”, el directivo sintió la llamada del lujo.

Tres meses después estaba trabajando como consultor financiero para el Grupo Gucci en Florencia, en el momento de máxima expansión de la casa, con una fusión con Stella McCartney y la adquisición de Alexander McQueen y Balenciaga. En un año, fue nombrado CFO de McQueen en Londres. ¡A los 27 años! En aquel momento, Sue Whitley era CEO de la compañía.

Un año después Bazan se encargaba de las tiendas y al poco tiempo del equipo de ventas al por mayor y, poco más tarde, de las licencias. Pero en 2007 salió de la compañía para dirigir la división europea de Marc Jacobs. Fichó así por el rival del grupo, el conglomerado LVMH, tres años después de que De Sole y Ford hubieran sido forzados a salir de Gucci por sus propietarios franceses.

En diciembre de 2010, Bazan había fichado por Alexander Wang como presidente, para poner prácticas profesionales en un negocio familiar. Logró que la firma se expandiera de cero tiendas a 27, creó negocio online de la marca y la conectó con H&M.

Actualmente vive en Tribeca, en Franklin Street, cerca de la tienda de Thom, y dirige el negocio desde sus oficinas centrales en la Séptima Avenida de Nueva York. Bazan también ha firmado un acuerdo estratégico con Farfetch y, en un movimiento significativo, trasladó sus desfiles a París.

“Fue un paso clave para nuestra marca. Se la entiende mejor en París y el 70% de nuestras ventas está fuera de Norteamérica, por eso alcanzamos a compradores y prensa que no pasa mucho tiempo en Nueva York”, argumenta Bazan. Los primeros desfiles franceses de Browne en el Beaux Arts College también destacaron la tremenda elegancia de su equipo corporativo femenino.

Browne lanzó su marca en 2001 y se convirtió en el diseñador masculino del año, según la CFDA, en 2006 y 2013. En 2016, Sandbridge Capital compró acciones de Browne a la japonesa Stripe International, anterior promotora del diseñador, mientras Browne conserva “una parte considerable de la propiedad”. Sandbridge, cuyo socio Ken Suslow es también presidente de Thom Browne, ha invertido en Derek Lam, Topshop y Karl Lagerfeld. Y espera mucho más crecimiento de esta casa.
 

Traducido por Eva Gracia Morales

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