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Del cubismo al orfismo, Amaya Arzuaga conquista París con su cuarta colección

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EFE
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6 mar. 2012

Lola Loscos

París, 2 mar (EFE).- El cubismo y el orfismo, movimiento de principios del siglo XX que según definió el poeta Apollinaire habla de encantamientos de curvas y de color, inspiraron la nueva colección Prêt-à-Porter de la española Amaya Arzuaga, inundada de punto grueso, mohair y mezclas insospechadas de materias.




El cuarto desfile en París de la única firma española presente en la semana de colecciones para el otoño-invierno 2012-2013 tuvo lugar en la Embajada de España, donde "todo han sido facilidades", explicó a Efe Arzuaga.

La modista, que gusta mostrar sus diseños en lugares donde encuentren cierta coherencia, estimó asimismo que "la riqueza y opulencia" de los imponentes salones de la Embajada se prestaban a la perfección para acoger su Prêt-à-Porter de lujo.

En efecto, el refinamiento de la colección dialogaba de manera magistral con los tapices de Goya de la Real Fábrica de Tapices de España y con otras grandes obras del patrimonio nacional expuestas allí.



Fotos: Corbis

Dentro de una marcada corriente en estos días de colecciones abiertos el martes, y como hiciesen horas antes grandes modistos como Bill Gaytten para Christian Dior, Arzuaga buscó el contraste de texturas para construir una misma prenda.

Lo hizo a menudo en forma de "patchworks" construidos con mohair, punto de lana merino al cuero, kaori de seda, tul, lana o microlana, produciendo en ocasiones un brillo especial en sus modelos, muy estructurados, en siluetas definidas mediante especie de nervios asimétricos.

"Todo gira en torno a lo mismo; la primera idea de la colección surgió viendo una exposición de arte cubista", comentó la modista, que indagó, en particular, en las derivaciones de esa corriente artística encabezada por pintores como Pablo Picasso y Juan Gris.



Fotos: Corbis

La idea le llevó a entrar en contacto con la obra de Sonia Delaunay (1885-1979) y con las célebres yuxtaposiciones de colores puros, rotos en prismas, con los que la artista fusionó las formas del cubismo y la rica paleta de pintores como Paul Gauguin y Van Gogh.

Llevado al terreno de Arzuaga, que se mueve "mejor en colores oscuros", según comentó, la luminosidad orfista produjo sobre su pasarela rojos sangre, azules y verdes petróleo luminosos, pero también colores naturales, piedras y tostados, algunos grises, mucho negro y mucho marino.

La española calificó además de "muy grande" el esfuerzo de mantenerse en el calendario de París, que exige como requisito indispensable el dedicar un 90 por ciento de las ventas a la exportación.

"La única ayuda que teníamos, la del Icex, ya no la tenemos" y la empresa, comentó, "va sobreviviendo, si bien es cierto que desde la primera vez que fuimos a París se nota en las ventas en el exterior".

Pese a ese espaldarazo, Arzuaga, para quien la meta de todo diseñador es desfilar en la capital francesa, añadió que cuesta mucho cuadrar las cuentas, y que aunque hasta ahora siempre ha compensado, "hay que suplir lo que obviamente vamos a decrecer en España". EFE

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