El Festival de Hyères cuestiona cómo sera el futuro tras Colette

Con el cierre a finales de 2017 de la célebre tienda Colette surge la duda de su legado. ¿Quién tomará el relevo de esta tienda que durante 20 años fue un verdadero escaparate del diseño y embajadora de innumerables marcas jóvenes? Con motivo del Festival de Hyères, la 18ª edición de los Encuentros Internacionales de la moda organizados por la Federación de la Alta Costura y de la Moda han intentado dar respuesta a estas cuestiones en un apasionante debate con título premonitorio: "El futuro de las tiendas: hay vida después de Colette".

La mesa redonda dedicada a la venta minorista en el marco de los Encuentros Internacionales de la moda - FashionNetwork.com ph DM

En la conferencia quedó clara una idea: sin pasión no se consigue nada. Tal y como resumió Sébastien de Hutten, director de los salones Playtime, "mientras haya pasión, la experiencia del cliente seguirá creándose en la tienda. A fin de cuentas, un minorista de excepción solo funciona si cuenta con una selección fuerte preparada con personalidad. Esto existía antes de Colette y seguirá existiendo después".

Sin duda, la desaparición de esta tienda va a permitir redistribuir las cartas entres las tiendas multimarca existentes y los grandes almacenes, cada vez más preparados para asumir el papel de escaparate para jóvenes talentos.

Alix Morabito, Fashion Editor de Galeries Lafayette desde 2016, confirma esta tendencia. "Tenemos un reto por delante, porque nosotros también somos una marca cuyo papel es mostrar la energía de las nuevas creaciones. El problema es que en 45 000 metros cuadrados se dedica muy poco espacio a los jóvenes diseñadores, porque no tienen medios para pagar un córner. Por eso hemos creado espacios multimarca más asequibles, rebajando nuestra exigencias financieras con respecto a los jóvenes. Podemos posicionarlas, pero hace falta darlas a conocer".

De ahí el papel del fashion editor, que es el encargado de "ofrecer a los equipos marcas y tendencias de moda para crear historias en tienda". "No se trata solo de buscar marcas. Hace falta que funcionen en la moda del momento, en nuestra comunicación, en nuestra tienda. Los jóvenes diseñadores son los que van a diferenciarnos de otros grandes almacenes" subraya.

Sin embargo es raro que los grandes almacenes desempeñen el papel de cazatalentos. Para minimizar los riesgos, las tiendas observan si los diseñadores emergentes ya están posicionados. "Si es así, eso significa que ya están organizados para realizar envíos. El primer criterio, es la emoción, no hay duda. Pero lo difícil es saber si esa emoción va a durar. El diseñador debe entrar en el mercado y en la oferta internacional", recuerda Alix Morabito.

Las tiendas son más propensas a asumir este riesgo. "mi mujer y yo invertimos en pérdidas durante 10 años en diseño antes de que nuestra tienda fuera rentable. Muchas veces comprábamos prendas muy creativas que resultaban imposibles de vender, pero era una forma de invertir en imagen y comunicación", explica Rasmus Storm, fundador de la tienda multimarca de Copenhague, Storm.


A la izquierda, Rasmus Storm - FashionNetwork.com ph DM

"A través del trabajo de un joven diseñador en el que creo, doy mi punto de vista, me proyecto en el tiempo. La gente viene a la tienda porque les inspira y al final eso me permite hacer negocio", continúa mientras explica que fueron la primera tienda junto a Colette en vender Off-White, la marca de Virgil Abloh, nombrado recientemente director de las colecciones masculinas de Louis Vuitton.

"Las grandes marcas deberían defender tiendas como la nuestra. Hemos visto lo que Colette hizo por la moda... es a nosotros a quienes acuden los consumidores jóvenes en busca de experiencias. Escuchamos las necesidades del mercado", añade.

"Los minoristas desempeñan el papel de influencers, pero también de educadores", opina Olivier Amsellem, fotógrafo y fundador desde hace tres años de la concept store marsellesa Jogging. "En mi tienda organizo aperitivos con diseñadores. La gente no está solo pegada a la pantalla, también quiere tocar las prendas. Podemos comprar moda en cualquier lugar. Pero si los haces con entusiasmo y un cierto encanto, lo recordarás siempre".

Este marsellés conoce bien a los diseñadores que vende y conoce su trabajo, presentando el ADN de cada marca. "En el caso de Julien David, evidentemente hay que destacar su colaboración con Colette, porque la gente se siente huérfana sin Colette", confiesa.

El diseñador francés, que debutó en 2008 con una pequeña colección de pañuelos, se dio a conocer vendiendo él directamente a las tiendas. "Mi primera cita fue en París con Sarah Andelman. Me compró 40 pañuelos. Este primer cliente, que era Colette, me ofreció una dosis de credibilidad ante los demás", recuerda Julien David, que fabrica toda su colección en Japón, donde ha abierto su propia tienda.

La colaboración entre Sarah y Julien se reforzó colección tras colección. "Cuando a ella le gustaba lo que hacía, me hacía un poco de termómetro para saber lo que iba a gustar y eso influía en mi trabajo", concluyó el diseñador que actualmente distribuye sus productos en todo el mundo. Sin duda, este papel de guía y de referencia única que encarnaba Colette es lo que más van echar de menos los jóvenes diseñadores durante los próximos meses.

 

Traducido por Ana Ibáñez

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