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El desierto de Atacama acoge al cementerio tóxico de la moda desechable

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AFP
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Hernandez Sebastian
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9 nov. 2021

En el desierto de Atacama pueden encontrarse botas de lluvia e incluso de esquí. Al norte de Chile, los montones de ropa desechada y zapatos viejos crecen sin control a medida que la producción desenfrenada de moda a bajo coste aumenta a nivel mundial.


Vista aérea de un vertedero ilegal de ropa en Alto Hospicio, Chile, el 26 de septiembre de 2021 - AFP


El país austral se especializa desde hace cuarenta años en el comercio de ropa de segunda mano, entre ropa desechada por los consumidores, inventarios eliminados y donativos de ropa de Estados Unidos, Canadá, Europa y Asia.

Cada año, 59 000 toneladas de ropa llegan a la zona franca del puerto de Iquique, 1800 km al norte de Santiago. En esta zona comercial con aranceles preferenciales, los fardos se clasifican y luego se revenden en tiendas de segunda mano en Chile o se exportan a otros países de América Latina.

"Esta ropa viene de todas partes del mundo", explicó a la AFP Alex Carreño, ex trabajador de la zona de importación del puerto.

Pero ante el crecimiento de la cantidad de ropa producida a bajo coste en Asia para marcas capaces de ofrecer un gran número de nuevas colecciones al año, el circuito está congestionado y los residuos textiles se acumulan de forma exponencial.

Por este motivo, alrededor de 39 000 toneladas de residuos se almacenan en vertederos ilegales en Alto Hospicio, localidad de las afueras de Iquique.

"Lo que no se ha vendido en Santiago o que no ha sido contrabandeado a otros países (como Bolivia, Perú y Paraguay, nota del editor) se queda aquí", porque sacar el material de la zona franca no sería rentable, detalló Alex Carreño, quien vive cerca de un vertedero ilegal.

“El problema es que esta ropa no es biodegradable y contiene químicos, por lo que no es aceptada en los vertederos municipales”, dijo a la AFP Franklin Zepeda, quien creó recientemente una empresa de reciclaje llamada EcoFibra para intentar hacer frente al problema.


"Salir del problema"



En las montañas de ropa sobresale una bandera estadounidense, faldas de lamé, pantalones que aún tienen sus etiquetas y sudaderas en colores navideños.


En el desierto de Atacama, el cementerio tóxico de la moda desechable, en una planta de reciclaje de ropa usada en Alto Hospicio, Chile, 27 de septiembre de 2021. AFP - AFP


Una mujer, que prefiere guardar el anonimato, se hunde hasta la cintura en un montón de textiles en un intento por encontrar ropa en las mejores condiciones posibles que espera revender en su barrio de Alto Hospicio. Los vecinos que viven cerca aprovechan la situación para pedir entre 6 y 12 dólares por tres pantalones o para llenar un camión. “No está mal, lo vendo y gano algo de dinero”, indicó la mujer.

Más lejos, dos jóvenes migrantes venezolanos, que recientemente cruzaron la frontera norte de Chile, esperan encontrar ropa "para el frío", ya que las temperaturas pueden bajar drásticamente por la noche en la zona.

Según un estudio de la ONU de 2019, la producción mundial de ropa, que se duplicó entre 2000 y 2014, es "responsable del 20 % del desperdicio total de agua en el mundo".

También según el informe, la producción de ropa y calzado produce el 8 % de los gases de efecto invernadero y, al final de la cadena, "cada segundo, se entierra o quema una cantidad de textiles equivalente a un camión de basura".

En Alto Hospicio también se entierra una gran cantidad de ropa para evitar incendios que pueden ser altamente tóxicos debido a la composición sintética de muchos tejidos. Pero ya sea que estén enterradas bajo tierra o que sean dejadas al aire libre, la descomposición química de las prendas, que puede llevar décadas, contamina el aire y las aguas subterráneas.

El Gobierno anunció recientemente que la industria textil pronto estará sujeta a la ley de "Responsabilidad extendida del productor", que requiere que las empresas que importan ropa se responsabilicen de los residuos textiles y faciliten su reciclaje.

En su empresa con sede en Alto Hospicio, fundada en 2018, Franklin Zepeda procesa hasta 40 toneladas de ropa usada por mes. La ropa sintética y de poliéster se separa de la ropa de algodón y luego se usa para hacer paneles aislantes para el edificio.

Después de 10 años trabajando en la zona franca de Iquique, el empresario, cansado de ver estas "montañas de desperdicios textiles" cerca de su casa, decidió "salir del problema y ser parte de la solución".

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