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El sofisticado acento ruso de la Semana de la Moda de París

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EFE
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13 mar. 2009

París, 13 mar (EFE).- La moda rusa ha reforzado esta semana posiciones en París, donde la firma Irfé, heredera de la sofisticada corte de los zares, se ha sumado a las ya consolidadas de Igor Chapurin y Alena Akhmadullina en el gran escaparate de la moda parisina para el otoño-invierno 2009-2010.


Irfé - Colección "Renaissance"
Desde hace ya cuatro años Chapurin y Akhmadullina han llevado a París una nueva savia rusa, que desgrana sus diseños de fuerte simbología nacional y aprovecha, de paso, para solicitar al Gobierno de Dmitri Medvédev un impulso para su industria.

Una ayuda necesaria ya que Moscú carece de profesionales del sector, pese a la "gran importancia" del mercado ruso, explicó a Efe la última recién llegada a la gran plataforma europea de la moda, la directora artística de Irfé y ex 'top model', Olga Sorokina.

Las colecciones de la capital moscovita tendrían que ser un caldo de cultivo para el despegue de la industria, pero no son "más que un espectáculo dedicado a actores", con diseños que luego "no puedes encontrar en las tiendas", lamentó la ex modelo bielorrusa.

En la misma línea, Igor Chapurin valoró que en la moda rusa estén surgiendo "muchos nombres nuevos", pero reconoció que "hace falta un sistema financiero lógico que apoye la moda", ya que el actual "es un poco caótico", explicó a Efe.

Mientras tanto, y por segunda temporada consecutiva, Irfé, fundada en París en 1924 por la princesa Irina, nieta del último Zar, Nicolas II, busca recuperar el esplendor que la firma conoció a principios del siglo pasado.

Tras un fastuoso primer desfile 'retro-vintage', el pasado junio, la renacida Irfé ha mostrado ahora audaces y voluminosos boleros negros, grises y violeta, y minivestidos de franela portados sobre "leggings" de cuero.

La directora artística de la firma quiso así estilizar la silueta y ofrecer "un estilo rock y chic" a la mujer del siglo XXI, sin olvidar que su objetivo es "mirar al futuro, aunque fijándonos en el pasado, en nuestras raíces", comentó.

Recordó, al respecto, que Irfé no tardó en erigirse como una de las marcas más sofisticadas de la época desde su creación, en 1924, cuando tras recorrer el mundo, la princesa Irina y su esposo, el príncipe Félix Youssoupoff, se instalaron en París y fundaron su casa de costura bautizada con un acrónimo de Irina y Félix.

El crack de 1929 acabó con sus sueños, aunque no definitivamente, pues ochenta años después, Olga Sorokina, atraída por su singular aventura, intenta devolver todo su esplendor a la insigne casa de costura ruso-francesa que en tiempos fue tan celebrada como las de Coco Chanel o Christian Dior, destacó su actual responsable.

El pasado junio, para la puesta de largo de la renacida Irfé, con una cuidada puesta en escena en el Palacio de Tokio de París, Olga Sorokina optó por retomar los últimos diseños de la casa, pero ese aire 'vintage' quedó completamente ausente de los diseños presentados esta semana en París.

La silueta Irfé del otoño-invierno 2009-2010 supone "un punto de inflexión" en la trayectoria de la firma, ya que ésta es la primera colección comercial, que busca ante todo transmitir una impresión de "calidad y permanencia", explicó.

Razón por la que Sorokina dijo haber preferido mostrar sus nuevas creaciones en un "showroom", previa cita, en un lujoso apartamento de la mítica calle de moda que es el Faubourg Saint-Honoré, a sólo unos metros de la boutique que los príncipes Youssoupoff abrieron en los años 20.

De todas formas, Rusia nunca estuvo ausente por completo de las pasarelas de París, pues siempre inspiró a sus modistos, como esta temporada el folclore ruso brilló en la colección del modisto gibraltareño John Galliano y el constructivismo ruso en la de Marcel Marongiu para Guy Laroche.

Además, desde octubre de 2005 las pasarelas de París cuentan con dos conocidos modistos rusos, Igor Chapurin y Alena Akhmadullina.

El moscovita Chapurin prefirió pensar en la fría Siberia para crear sus propuestas invernales, lo que produjo un predominio de vestidos asimétricos, monos y chalecos de pelo de tonos naturales.

Desde San Petersburgo, Akhmadullina trajo a París un invierno 2010 de cuentos de hadas y mitologías rusas, construido no sobre prendas de pieles, sino de pelo largo, extraña reunión de "colas de animales", según precisiones de la modista.

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