En París, Chanel sueña con el bosque y Armani con los pantalones étnicos

París - Karl Lagerfeld recreó una arboleda natural en el interior del Grand Palais de París, por donde desfilaron casi 70 diseños que se caracterizaron por los bordados florales y las botas de encaje.

De los tradicionales trajes de chaqueta en "tweed", Chanel pasó a los vestidos largos con estampados de hojas, que evocaban los grabados japoneses, para terminar con una eclosión de plumas y volantes.

Llamaron especialmente la atención las botas, por su extrema altura -cubrían casi toda la pierna-, por su confección -de encaje, de cuero o metalizadas-, y por su forma -abiertas por delante o con refuerzos en negro-.


Desfile Alta Costura Chanel. Foto : Pixelformula.

En esta colección, que coincide con el 30 aniversario del primer desfile de Lagerfeld para Chanel, el modisto alemán trabajó especialmente las líneas horizontales, sobre todo en los cuellos y en los bajos de los vestidos, y las mangas, que ensanchó en la parte superior o que dejó flotando por debajo de los hombros.

El creador combinó los vestidos angelicales cortos con cola con las botas altas de cuero, y las chaquetas largas con piratas y botas que se acoplan perfectamente al pantalón.

En la paleta cromática, destacó el blanco fantasmagórico, el negro de la noche y el rojo de la sangre, que junto a un intenso maquillaje oscuro dio una apariencia gótica a la colección.

El desfile finalizó con dos novias y un niño en un claro posicionamiento del director artístico a favor del matrimonio homosexual y la adopción por parejas del mismo sexo, una cuestión en el centro del debate nacional en Francia.

El espectáculo contó con rostros conocidos como el de la modelo británica Cara Delevingne, quien vistió el último diseño antes de la pareja nupcial, o el de la actriz alemana Diane Kruger, entre el público asistente.

Giorgio Armani Privé destacó en originalidad al defender unos estampados étnicos y geométricos, de colores cálidos, que se aposentaron sobre pantalones de un satén de consistencia similar al mikado, con el peso necesario para moldear la silueta.

Los chalecos, ya sea en solitario o acompañados, funcionaron como hilo conductor de una colección en la que, además del negro, predominó el rojo rubí, y los tribales chocolate, tierra y verde sabana.

Los vestidos fueron largos, de palabra de honor o de finos tirantes, con cortes ajustados, vuelo o pinzas voluminosas y, en algunos casos, se combinaron con pantalón.

Los bombachos cortos, en negro, mandarina o rojo, aportaron un toque oriental a un desfile que disfrutaron desde la primera fila las actrices Uma Thurman, Hillary Swank, Claudia Cardinale e Isabelle Huppert.

El brasileño Gustavo Lins explotó los vestidos-pañuelo sobre "leggings" de "georgette" y las mangas de cuero descolocadas, combinando la elegancia con la cotidianeidad, en una colección de drapeados, pieles, blancos y negros y, por primera vez, un vestido de novia.

"Siempre desarrollé la alta costura como algo muy accesible para el día", aseguró Lins a Efe, antes de añadir: "En esta colección hay cosas mucho más extravagantes, que no hacía antes".

El modisto destacó la pieza de porcelana de Sèvres que presidió el desfile como "primer punto de inspiración" y confesó que sus viajes a España impulsan su creatividad.

Los estampados fueron escasos y originales, frente a los tonalidades únicas de turquesa, violeta o azul marino.

Stéphane Rolland jugó con la superposición de volantes y con las formas redondas en unos diseños de aire "setentero" e increíblemente sofisticados, mientras que Julien Fournié, de origen español, llenó de rayas blancas y negras la pasarela, en una colección rígida con estallidos vaporosos.

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