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Esteban Cortázar: la feminidad flamenca y la estrategia efímera

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today 1 oct. 2018
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Compases de flamenco resonando en las alas de la Escuela de Medicina, a escasos metros de Odéon. Es el verano del diseñador colombiano Esteban Cortázar quien, tras un breve escarceo en Nueva York, regresa al calendario oficial de París ondeando una bandera en tonos pastel. Una apuesta por el mestizaje, la sensualidad y sus orígenes latinos en la colección más madura del creador cafetero hasta la fecha.


Esteban Cortázar, primavera/verano 2019 - Pixelformula


Mujeres como un soplo de aire fresco, tan ligeras como las gasas transparentes y la seda que se deslizaba, cayendo como por descuido y dejando al aire las clavículas de las maniquíes. Una primera serie, en tonos empolvados y dorados, que dio paso a tops estructurados y un estudio del negro, donde hubo hasta cabida para un alegato deportivo con unos revisitados pantalones de ciclista. El blanco y los tonos pastel avanzaron degradados a lo largo de una colección, que mas bien pareció una puesta de sol pintada en acuarela. “Cuando era pequeño, mi padre siempre me decía que hay que tratar de encontrar la naturaleza, así que se trata de contemplar una puesta de sol, un amanecer. Entender estos colores y tratar de profundizar en ellos. Están ahí, pasan desapercibidos y solo tenemos que detenernos a fijarnos en ellos”, comentó un emocionado Esteban Cortázar en backstage tras el show.

La sensualidad fue el eje de una colección, con siluetas femeninas y vestidos diseñados para realzar el cuerpo de la mujer, destacando los acabados de flecos o los cortes asimétricos que dejaban intuir cinturas o piernas infinitas. Un trabajo de redes y mallas que casi eclipsó los exquisitos accesorios: de los bolsos aro o cinturones de inspiración herradura a las elaboradas sandalias planas de nómada. Todo ello, a ritmo de “Malamente”, el himno de la sensación del momento: Rosalía, a la que llaman la Beyoncé del flamenco. Y ante la que Cortázar también ha caído rendido: “Es la música que llevo escuchando todo el verano, la que ha formado parte de la inspiración de esta colección”. A golpe de tacón flamenco: “tra, tra”.

Después de una fugaz experiencia desfilando en Nueva York durante una temporada, el diseñador colombiano regresa a los orígenes. “Llevo en París 10 años y es el lugar en el que se basa mi marca, con mi equipo también aquí. Nueva York fue más bien una invitación”, comentó a FashionNetwork.com, subrayando sus intenciones de continuar presentando sus colecciones en la capital francesa. “En Nueva York hay más comercio, las cosas van más rápido y la gente no presta atención a las prendas de la misma manera. Fue una gran experiencia, pero prefiero presentar en París. Me encanta el ambiente para crear los desfiles y la forma en que la audiencia retiene la información”, concluyó entre sonrisas.


Esteban Cortázar, primavera/verano 2019 - Pixelformula


Y es que París, además de ser la ciudad que ha visto crecer la marca, también ha sido el lugar que ha puesto al diseñador cafetero en el foco mediático. Si bien fue el encargado de despedir la concept store Colette antes de su cierre, con un escaparate dedicado a la tiendita colombiana en plena Rue Saint Honoré; Esteban Cortázar también se hizo con un espacio dedicado en Le Bon Marché el pasado verano, un pop up que giraba en torno al realismo mágico que tanto caracteriza la literatura latinoamericana. “Se trató de un espacio que me permitió crear un mundo alrededor de la colección, mostrar la esencia de la marca y presentarla a nuevos clientes, para que descubran de dónde viene la colección y la esencia de lo que soy”, contaba por entonces a FashionNetwork.com.

De hecho, estos proyectos efímeros forman parte del corazón de la estrategia de la marca actualmente. “Estamos planeando varias pop up de ese estilo con diferentes tiendas alrededor del mundo. Haremos uno para año nuevo en Cartagena (Colombia)”, en la que asegura que seguirá introduciendo más ropa masculina para, quién sabe si algún día, presentar una línea propia dedicada al hombre de Cortázar. “Además, los pop ups y cápsulas nos permiten trabajar más la parte sportswear, con el objetivo de ir agrandando nuestras colecciones”, explica. La cuestión no es otra que combinar piezas dedicadas a las tiendas efímeras, lo que en Cartagena será una mezcla de ‘tiendita’ colombiana y chiringuito de playa, con colecciones que viajen. “La idea efímera crea el concepto de colaboración, me fascina trabajar con diferentes equipos, algo no estático, que viaje. No es fácil y requiere mucha producción, pero me encanta hacerlo”.

Esteban Cortázar continua siendo una marca independiente, con las ganas de un talento emergente y el dominio de un profesional consagrado. Una estrategia de crecimiento dulce acompañada de diseños deseables que realzan las raíces latinas. El horizonte es optimista para el colombiano. Tanto como el amanecer de sus vestidos flamencos.

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