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Ana Ibáñez
Publicado el
29 jun. 2022
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La colección Crucero de Max Mara deslumbra con un feminismo erótico en Lisboa

Traducido por
Ana Ibáñez
Publicado el
29 jun. 2022

El martes se presentó en Lisboa la colección Crucero de Max Mara para esta temporada, inspirada en Natália Correia, la famosa librepensadora portuguesa, gran dama arty y estrella de la sociedad literaria. Entre las modelos encontramos a Carminho, la mayor intérprete contemporánea de fado, la tradición musical portuguesa que canta a la nostalgia, la pérdida y, sobre todo, la pasión, y que ha inspirado esta impresionante colección de Max Mara. Ropa para cenas románticas, vestidos de cóctel feministas e inteligentes, o propuestas para salir de compras el fin de semana que lograron ser sexys y prácticas al mismo tiempo. Incluso para un chico, ya que vimos al primer modelo masculino que desfila en una pasarela de Max Mara.


Max Mara


Todo tuvo lugar en el jardín de la Fundación Calouste Gulbenkian, una de las mayores colecciones privadas de arte del mundo, construida por un inmigrante armenio que hace un siglo era el hombre más rico del mundo. La próxima vez que oigas a un político criticar la inmigración, dile que venga a ver este museo para que compruebe los regalos que le puede hacer un inmigrante a su hogar de adopción.
 
Fue aquí, en la Fundación Gulbenkian, donde el director creativo de Max Mara, Ian Griffiths, vio por primera vez un cuadro de Correia pintado por Nikias Skapinakis. Un cuadro que captura a la poetisa, con sus amigos y revive las reuniones de intelectuales en el club Bar Botequim, donde se reunían Henry Miller, Graham Greene o Eugène Ionesco.
 
"Natalia era famosa por su marca de feminismo: el liberalismo erótico. Era sexy e inteligente y sabía cómo trasladar eso a la ropa", reflexionaba Griffiths en un avance previo a la desfile.
 
El resultado fue una serie de maravillosas faldas lápiz combinadas con grandes escotes o escotes redondeados; vestidos con corpiño y una brillante colección de vestidos de tafetán crujiente a capas. Confeccionados en una magnífica gama de suaves tonos metalizados (cobre, berenjena o mostaza) y casi todos en tejidos plisados. Inspirados en las fotos de la gran amiga de Correia, la entonces gran cantante de fados Amália Rodrigues, con un vestido plisado.
 
Casi una docena de pases repletos de pliegues, hechos en Italia con tafetán técnico y algo de poliéster para mantener los pliegues. Aunque eran vestidos que lo mismo se podían llevar a una gran fiesta que al día siguiente para ir a comprar al mercado con unos zapatos planos y una cesta. O con el nuevo tote de ganchillo tecnológico de Max Mara.
 
Griffiths mantuvo la inspiración en el ámbito de lo moderno con muchos adornos de pliegues. Además, apreciamos un claro sentido de la proporción con estilo, en el que los tops cortos y las faldas altas dejaban al descubierto unos pocos centímetros de vientre.
 
Probablemente la obra más famosa de Correia fuese su Antología de Poesía Portuguesa Erótica y Satírica, un picante compendio de ideas y sueños extravagantes, por la que fue condenada por el entonces dictador fascista de Portugal, António Salazar.
 
"Resulta irónico que su filosofía y su coraje se reduzcan al final a un vestido en forma de tubo", comenta el diseñador de origen inglés.
 
"No siempre pensamos en fiestas. Más bien en almuerzos y desayunos de trabajo", concedía Griffiths, que en los últimos años ha hecho varios desfiles en Bocconi, la principal escuela de negocios de Italia.


Max Mara

 
El otro tema clave fue la fiesta refinada, alentada por la creencia del diseñador de que "la gente quiere volver a salir". También lo vimos en los esmóquines en colores vibrantes como azul egeo o morado intenso.

En cuanto a los abrigos, la prenda clave del vestuario de Max Mara, los tonos elegidos fueron negro, marrón, blanco y camel. La mejor expresión fue un gran abrigo de pelo de camello con cibelina, un acabado similar al de la marta, que se consigue cepillando el material con cepillos ondulados.
 
Una gran versión de este abrigo la lució Martim Morais, el primer hombre que participa en un desfile de Max Mara, ataviado con un clásico abrigo Manuela en la talla 50. Lo suficientemente grande como para que lo lleve un hombre, y el abrigo más vendido de la marca.
 
Los modelos desfilaron con gracia por el jardín de la fundación, cuyo brutalismo de mediados de siglo es sorprendentemente cercano al estilo de la propia fundación de arte de Max Mara en Reggio Emilia, creada por la familia del fundador Achille Maramotti, que ahora financia la restauración de varias galerías Gulbenkian.
 
Carminho apareció dos veces en el desfile y también protagonizó la noche anterior una hermosa actuación en una cena en el gran palacio barroco.
 
Algo que también forma parte de la finalidad del crucero, aprovechar la cultura local para reimaginar una colección y renovar una marca.
 
En este caso, en una serie de camisetas bordadas, con "Lencos de namorados do minho", o Cartas de Amor, donde las mujeres escribían declaraciones románticas a los hombres que deseaban.
 
De eso trata también esta colección de Max Mara: una carta de amor a Lisboa, de una marca y de un diseñador.
 

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