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23 dic. 2021
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La industria textil y de confección se recupera a ritmos diversos en Asia tras la pandemia

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Hernandez Sebastian
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23 dic. 2021

En un momento en que el mundo pasa por una nueva ola de COVID-19 que preocupa a compradores y proveedores, los principales países asiáticos de la industria de los textiles y la confección esperan mantener el impulso de recuperación visto en 2021 en los próximos meses. Si bien aún no se conocen las cifras del año en curso, para poder compararlas con las anteriores a la crisis, FashionNetwork estudia las cifras y análisis aportados por los gobiernos y federaciones asiáticas hasta el momento.

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Empezando por China, con mucho el mayor proveedor de textiles y prendas de vestir de la UE. Durante los primeros tres trimestres, los ingresos de las 12 557 empresas textiles más grandes mostrarían un aumento del 9 % en el volumen de ventas, hasta los 163 900 millones de dólares. El Ministerio de Industria precisa, además, que estas empresas incrementaron sus beneficios en un 5,8 %. Durante el período de enero a agosto, China exportó ropa por un total de 105 600 millones de dólares, un aumento del 28,10 %.

El principal retador de China, Bangladesh, había experimentado una recuperación compleja debido a nuevos brotes de contagio. No obstante, el país logró fortalecer sus exportaciones de textiles y prendas de vestir en un 20,78 % durante el período de julio a octubre, hasta los 12 600 millones de dólares. Señales alentadoras que, no obstante, no impiden la grave preocupación frente a la situación europea. "Estamos principalmente preocupados por la posibilidad de que los compradores pongan sus pedidos en espera", dijo Shahidullah Azim, vicepresidente de la Federación de Fabricantes y Exportadores de Bangladesh (BMGEA). "En los últimos meses, las marcas y los compradores nos han estado presionando para realizar envíos rápidos, pero ahora nos piden que reduzcamos la producción".

Estos mismos temores pueden verse en India, el cuarto proveedor de Europa detrás de Turquía, especialmente porque la actividad industrial en el subcontinente se vio particularmente afectada en 2020. En el primer semestre de 2021, las exportaciones textiles del país alcanzaron los 18 000 millones de dólares, frente a los 11 800 millones del mismo período del año anterior. Una tendencia que se confirmó nuevamente hace unos días con las cifras de noviembre, que mostraron una aceleración del 40 % de las exportaciones textiles, hasta los 1200 millones de dólares, suficiente para que el ministro de Comercio Piyush Goyal multiplicara las declaraciones optimistas para 2022.

En Vietnam, la industria de textil-confección registró un aumento del 11 % en sus exportaciones durante nueve meses, hasta los 32 400 millones de dólares. Para la federación local Vinatex, si estos niveles pudieran mantenerse en los últimos meses del año, el sector equilibraría sus resultados con su nivel previo a la crisis, con 39 000 millones de dólares en 2019. Además, se apunta a un nivel simbólico de 40 000 millones para 2022, subraya el presidente de Vinatex, Vuong Duc Anh. “El objetivo para el período 2022-2025 es crear capacidad de suministro suficiente para la industria de las medias para satisfacer las demandas iniciales de las cadenas de suministro a gran escala del mundo, sobre la base de la industria del hilo ya establecida y desarrollada en el pasado. Un período de 5 años para tener una gran y reconocida industria de la confección", dice Vinatex.

El sudeste asiático se enfrenta a diversas situaciones

En Camboya, los fabricantes del sector reportan un aumento del 11,4 % en sus exportaciones respecto a 2020, hasta los 8240 millones de dólares. Razones suficientes para el optimismo, en un país donde los textiles representan la mayor parte de la industria, que han llevado al gobierno a elevar del 2,2 % al 3 % el aumento previsto del PIB para 2021. El PIB también debería crecer un 2,4 % en 2022, con un crecimiento del 4,5 %, según el primer ministro. Cifras que, sin embargo, esconden la preocupación de los fabricantes locales, quienes temen que el reciente aumento del salario mínimo, ahora de 194 dólares, represente en última instancia un freno a la recuperación, llevando a los compradores a otros destinos.

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Pakistán, el séptimo proveedor de prendas de vestir de la UE, registró un aumento del 26,55 % en sus exportaciones durante el período de julio a octubre, hasta los 6000 millones de dólares. Durante el período de doce meses terminado a fines de junio, el aumento se redujo al 22,9 % o 15 400 millones de dólares, frente a los 13 300 millones del mismo período en 2018-2019. Sin embargo, el país tendrá que enfrentar una crisis de escasez de gas, que ya ha provocado protestas en el país, mientras que los observadores temen el impacto de una crisis energética en la industria local.

En Birmania, el reciente golpe de estado ha puesto a prueba a la industria textil. Si bien la búsqueda de cifras confiables se ha vuelto una tarea complicada, el país, en donde el 65 % de las exportaciones se basan en textiles y confección, registró 2500 millones de dólares en comercio internacional en el período del 1 de octubre al 5 de noviembre. Esto representa un descenso significativo frente a los 2800 millones registrados en el mismo período del año anterior. Durante el mismo período, las exportaciones nacionales cayeron de 1300 a 1250 millones de dólares.

Sri Lanka, que ocupa el puesto 11 por detrás de Marruecos y Túnez en el ranking de proveedores de la UE, confirma por su parte los primeros signos de recuperación. Sus exportaciones de textiles y prendas de vestir deberían alcanzar los 5000 millones de dólares durante el año. Esto es una clara recuperación frente a los 3900 millones logrados el año pasado, y un virtual retorno a la normalidad frente a los niveles registrados en 2019. Durante los primeros nueve meses del año 2021, el país registró +18,9 % en sus exportaciones de textiles y confección. Una buena señal de optimismo en un país donde los textiles representan casi el 57 % de las exportaciones nacionales.

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Por lo tanto, si bien las limitadas cifras procedentes de Asia, tienden a ser optimistas sobre la salud de los sectores locales, quedan muchos retos por superar en los próximos meses. Empezando por el impacto aún desconocido de las nuevas olas de contagio que podrían registrarse en Europa y Norteamérica, principales clientes de la región. A esto se suma el problema de la crisis energética que, después de China, comienza a hacerse sentir con mayor claridad en otros países proveedores. También está la cuestión del endurecimiento de las negociaciones en torno a los salarios mínimos que, cuando aumentan, pueden llevar a las industrias nacionales a optar por producciones textiles de mayor calidad. Queda claro que la crisis sanitaria podría haber sentado las bases para un nuevo cambio en el equilibrio de las producciones asiáticas, similar al inducido por China a finales de la década del 2000.

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