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2 jul. 2014
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Las alfombras rojas también son un "caramelito envenenado", según Caprile

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EFE
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2 jul. 2014

Barcelona - Las alfombras rojas de los grandes eventos del cine y de la música son grandes pasarelas de moda que lanzan a diseñadores y afianzan a marcas, pero también son "un caramelito envenenado", ha dicho hoy el diseñador Lorenzo Caprile.

Caprile, que ha participado en la mesa redonda "¿Son las alfombras rojas las nuevas pasarelas de moda?", que se ha celebrado en la pasarela Moda Barcelona 080, fue el diseñador del vestido de novia de la Infanta Cristina y del traje rojo que la Reina Letizia lució en la boda del heredero al trono de Dinamarca, poco antes de casarse.

A su juicio, en una alfombra roja te expones mucho y actualmente con las redes sociales esto puede ser también un bumerán, aunque en muchos casos puede suponer un antes y un después.

Los diseñadores Lorenzo Caprile y Juanjo Oliva, la modelo Judith Mascó, la estilista Cristina Reyes y el director de retail de Value Retail España, Carlos Santana, han compartido sus experiencias y conocimientos


Si sale bien, ha explicado, la repercusión es enorme, y ha citado como ejemplo el impacto que tuvo el vestido rojo que lució Macarena Gómez, la única invitada española a la boda del hijo de Carolina de Mónaco.

Ha reconocido que como estrategia de marca una alfombra roja es buena y nunca se ha arrepentido de dejar vestidos a celebridades, pero que "quizá al hacerlo con determinados personajes se te pone en un lugar en el que quizá no te corresponde y puede provocar un efecto contrario y espantar a clientas que piensan que no eres para ellas".

El diseñador Juanjo Oliva también cree que una alfombra roja puede aportar y fastidiar porque una colección tiene una línea y un concepto y con una celebridad sólo es un vestido que puede tener mucha repercusión social.

Según Oliva, cuando alguien le pide un vestido debe encajar con el estilo porque "no es vestir por vestir" y lo ideal es hacerlo con alguien que tenga una afinidad con la firma.

Ha remarcado que "en una alfombra roja intervienen muchas personas, la celebridad, su agente, su apoderado, su madre, su hermana y hasta su novio, y luego puede suceder que a un vestido precioso le pongan un mal peinado y un mal maquillaje y el resultado no sea el esperado".

Por su parte, la estilista Cristina Reyes ha afirmado que la alfombra roja es la mejor plataforma para mostrar todo un conjunto y que por eso es tan importante un vestido como los complementos, las joyas, los accesorios el peinado y el maquillaje.

La modelo Judith Mascó, que también ha participado en la mesa redonda, moderada por el periodista de moda Jesús María Montes-Fernández, ha remarcado que las celebridades son marcas y empresas en sí mismas y que cuando se participa en uno de estos actos no hay que perder la imagen ni la forma de ser de cada uno.

Montes-Fernández ha recordado que aunque las alfombras rojas llevan años funcionando, fue a principios de los noventa cuando todo cambió al llegar la actriz Uma Thurman vestida de Prada al festival de Cannes.

Allí alguien le comentó que no sabía que la firma italiana hiciera esos vestidos y ella contestó que no, que era exclusivo para ella, y la marca arrasó.

Todos han coincidido en que las fotografías que se hacen de estas pasarelas de las estrellas cuentan ahora más que los premios que se entregan en las ceremonias y que ya se pagan grandes sumas para que un personaje famoso se vista de una u otra manera, y grandes marcas como Armani o Valentino tienen a personas encargadas sólo de buscar a celebridades que luzcan sus vestidos.

Respecto a la fuerza que llegan a tener, se ha recordado que Escada estaba casi olvidada hasta que Kim Bassinger llevó uno palabra de honor en la entrega de los Oscar en la que ganó una estatuilla, y que esa noche la repercusión que tuvo supuso el relanzamiento de la marca.

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