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13 oct. 2022
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4 minutos
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Litkovska y Anna October, moda artesanal entre Kiev y París

Publicado el
13 oct. 2022

Seguir adelante con la guerra de telón de fondo ha sido el principal reto de los diseñadores de moda ucranianos. Un desafío que no solo se aplica a la cuestión económica, con marcas obligadas a luchar por la subsistencia, reorganizando sus negocios o relocalizando sus talleres en otros países; sino que atraviesa sus creaciones de reflexiones sociales casi filosóficas. El valor de la prenda como objeto o el sentido de organizar eventos de moda mientras en su país de origen se siguen sufriendo bombardeos, son cuestionados e, inevitablemente, modelan las propuestas. En París, dos de las creadoras estrella de la escena ucraniana presentaron sus visiones personales, marcadas por un aliento de optimismo.


Litkovska



La última vez que Lilia participó en la Semana de la Moda de París, a finales del pasado mes de febrero, su marca aún no se había desprendido del “ya” de Litkovskaya. Por aquel entonces, la creadora se convertía en la embajadora del diseño local a través de una emotiva presentación en Tranoï y comenzaba a asentarse en la capital francesa, dejando atrás su taller de Kiev. Bajo su simplificada identidad “Litkovska” y con fuerzas renovadas, la creativa formó parte del calendario oficial de la última edición de la fashion week, en la que presentó sus creaciones con la perspectiva y el compromiso construidos tras varios meses de guerra.

“Esta colección es una forma de respuesta. Tengo un gran altavoz sobre lo que está ocurriendo en Ucrania y la moda es una manera de reflejar lo que pasa en el mundo”, explicó la diseñadora sobre su presencia en la Semana de la Moda de París. Una participación que tomó forma de un show sin grandes artificios, de organización democrática y abierto al público, en el que las modelos desfilaban con naturalidad por los Jardines de las Tullerías hasta llegar a un tiovivo en el que tomar sitio dirigiendo la mirada a los presentes. Entonces este se puso en marcha, al ritmo de un canto tradicional ucraniano en directo, llamado “Vesnianka” al igual que la colección, que acabó con gritos de “Slava Ucraini” (Gloria a Ucrania, ndr) y una Lilia Litkovska en lágrimas, envuelta en la bandera azul y amarilla de su país.

Fiel a su sastrería ucraniana característica, la marca desplegó los encantos de su línea artesanal con diferentes reinterpretaciones del dos piezas de aires masculinos, también en su versión de chaqueta y falda. Capuchas de croché, superposiciones bordadas y de acabados de flecos, chaquetas y abrigos tejidos con técnicas de fabricación artesanal de alfombras, deconstrucciones de denim o un vestido largo satinado de color hueso reflejaron la elegancia de la propuesta, que pretende reivindicar el savoir-faire local y dar a conocer su valor al mundo. “No podemos crear arte sin artesanos”, concluyó la diseñadora, convencida en su objetivo de rendir homenaje al trabajo manual y tradicional.


Anna October



También temporalmente parisina de adopción, la ucraniana Anna October debutó en la Fashion Week parisina con una presentación a los pies de la Torre Eiffel, en el antiguo atelier del ingeniero Gustave Eiffel en el 7ème arrondissement. En un formato de carácter menos solemne que el desfile, la firma optó por una puesta en escena bucólica, ligera y convivial, con modelos interactuando entre los invitados en una especie de picnic de media tarde en el jardín.

“Mi punto de partida siempre es el cuerpo de la mujer para crear texturas y siluetas bonitas que resulten favorecedoras. Mi trabajo consiste en aportar luz y aire a la ropa, es mi forma de entender la feminidad”, detalló la diseñadora sobre su primera vez en la Semana de la Moda de París. La marca de posicionamiento premium, que comercializa sus prendas a través de una treintena de puntos de venta físicos y online como Moda Operandi o Ssense, buscó la inspiración de su colección primaveral en el universo del jardín y en la figura de la escritora Vita Sackville-West

Al igual que Litkovska, Anna October apostó por técnicas artesanales como el croché y el ganchillo, empleados para construir delicados vestidos sobre el propio cuerpo de las modelos. Los patrones encontraron su inspiración en mercados vintage de Grecia y Francia, así como en la colección de archivos del museo ucraniano Ivan Honchar. La feminidad se expresó por su parte en una paleta de colores pastel, tejidos sedosos y ajustados o delicadas referencias florales, como el corpiño de los vestidos construido con pétalos de tulipán. Ucrania también estuvo reflejada en forma de drapeados a partir de trenzas textiles, un símbolo de lo femenino en el país.

“Es un trabajo que podría hacerse a máquina, pero eso es algo que para mí no tiene sentido. La idea es preservar la artesanía y las técnicas tradicionales, una manera de llevar lo rústico a la ciudad”, comentó la diseñadora, quien regresó a Ucrania tras 6 meses viviendo en París, reconociendo la influencia inevitable de ambos países en la dulzura de sus últimas creaciones. “Los cambios que está sufriendo el mundo hacen que revises tus prioridades, para volcarte en lo que verdaderamente quieres hacer, lo bello y verdadero”, reflexionó sobre el impacto del contexto en el proceso creativo.

 

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