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Publicado el
11 mar. 2022
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7 minutos
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Miista, tradición y artesanía que crean calzado y prendas vanguardistas de éxito online

Publicado el
11 mar. 2022

Entre todos los posibles caminos a seguir para hacerse un hueco en la industria de la moda, Laura Villasenin desde muy pronto supo que el suyo sería uno alternativo. Gallega de origen y londinense de adopción, la diseñadora y emprendedora puso en marcha su propia firma, Miista, hace algo más de 10 años, después de haber concluido sus estudios de diseño de calzado y accesorios en la capital británica. Un proyecto independiente que, después de haberse consolidado internacionalmente gracias a sus diseños trenzados, de originales juegos de volúmenes o tacones, como firma fetiche de celebridades como Bella Hadid o Kendall Jenner, da el salto al prêt-à-porter presentando su segunda colección en París, con una tienda efímera situada en el número 22 de la de la rue Debelleyme hasta finales del mes de marzo.


Miista / Cristian Pena



“Empecé Miista con lo que mejor conocía, pero la idea siempre fue que la marca propusiera un lifestyle completo, una cultura y una comunidad de forma más consolidada”, asegura Laura Villasenin, orgullosa de la madurez de su proyecto. “Presentamos nuestra primera colección en verano de 2011. Más de una década después, puedo decir que hemos llegado al punto en el que nos queríamos encontrar”, sonríe la diseñadora y empresaria, vestida de la cabeza a los pies de su propia marca. Como marca independiente, los objetivos eran ambiciosos y el desafío más que consecuente. Un Brexit y una pandemia después, Miista no solo diversifica su oferta adentrándose en una nueva categoría, sino que lo hace mediante la creación de su propia fábrica de moda, que ya emplea a 20 personas.

Una marca al frente de su propia fábrica

“Mi objetivo era que fuésemos los productores. Preferimos no subcontratar ciertas partes del negocio, sino integrarlas, aunque nos cueste mucho. Nos queremos orientar hacia la preservación y al cuidado de la artesanía", explica la fundadora de la marca sobre las razones de no delegar la fabricación de sus prendas. Y añade:  “A lo largo de estos 10 años, nos hemos dado cuenta de que nos vamos a quedar sin lugares donde fabricar en Europa si no nos ponemos las pilas en formar a las nuevas generaciones. La gran mayoría de nuestros artesanos tienen más de 50 años y es muy difícil de encontrar a gente joven que se quiera dedicar a este oficio”. En su fábrica, sólo 2 de las costureras son chicas jóvenes. “Tenemos que conseguir que la gente joven vea lo que se hace con las manos como algo sexy”, defiende Villasenin, alabando técnicas tradicionales de punto y bordados o la especialidad local, el valorado encaje ancestral de Camariñas.

“Crear nuestra propia fábrica, aunque sea a pequeña escala, es un riesgo enorme, pero forma parte del carácter de Miista”, afirma con convicción. Y reflexiona sobre el impacto de la pandemia  en la industria: “Durante el Covid-19 nos dimos cuenta de que ya no es solo una cuestión de que creamos en este concepto a nivel de sostenibilidad, es que es el único posible. El supply chain se ha convertido en algo muy difícil y la única solución es luchar por preservar la artesanía en Europa”. Además, la creadora gallega subraya la importancia de promover la igualdad en la industria. “Los puestos más importantes aún los siguen ocupando los hombres y esto tiene que cambiar. Por ejemplo, en el sector del calzado es tremendamente difícil ver a mujeres, lo cual es extrañísimo… ¡Estamos en 2022!”, exclama, precisando que de los 20 trabajadores de su fábrica sólo uno es un hombre.


La marca incluye desde ahora su propia oferta de prêt-à-porter - Miista



Para la instalación del corazón de su producción, la emprendedora escogió su Galicia natal. Una región de consolidada herencia de moda e industria textil, que alberga también la sede de marcas internacionales como Bimba y Lola, Adolfo Dominguez, Roberto Verino o Purificación García; así como el cuartel general del Inditex de Amancio Ortega. Pese a haber recibido la llamada del gigante de la moda, como varios compañeros de estudios de diseño a la salida de la universidad, Laura Villasenin tuvo claro que el fast fashion no formaba parte de sus intereses. A día de hoy, sigue cuestionando el modelo. “Imponen condiciones insostenibles para las fábricas y destruyen mucha industria”, reconoce sobre el rol de algunas empresas de moda rápida a la hora de producir en proximidad, tanto en Galicia como en el norte de Portugal. Y subraya sin tapujos la frustración que genera “la inspiración” en modelos de marcas pequeñas que requieren años de trabajo para “quemar” una prenda tendencia en cuestión de semanas.

En cualquier caso, las diferencias son considerables. Basta con subirse a algunas de sus plataformas ortopédicamente adaptadas para la máxima comodidad, echar un vistazo a las prendas técnicas de inspiración deportiva o probarse alguno de los juegos de superposiciones de vaqueros, elaborados a partir de denim japonés. Un armario completo, diseñado por un equipo de 3 personas liderado por la propia Villasenin, imaginado en el mismo estilo vanguardista que las propuestas de calzado de la marca, con las que pretende mantener su “coherencia de precios”.

Así, la línea de zapatos más accesibles, producida en Portugal desde hace 8 años, propone una horquilla de entre 160 y 300 euros; mientras que los pares más elaborados, creados en la fábrica con la que trabaja en Alicante, pueden llegar hasta 400 euros. Por su parte, la oferta de moda incluye desde prendas de punto a partir de 200 euros hasta blazers y abrigos que pueden llegar a 800 euros, pasando por alrededor de 300 euros cada diseño de denim. “A largo plazo, queremos que la ropa represente una parte muy importante del negocio. Estamos invirtiendo muchísimo y creemos que tiene tanto o más potencial que los zapatos. No queremos ser vistos únicamente como marca de calzado”, añade.

Del Brexit a la pandemia: los desafíos de una marca independiente



“Hemos tenido momentos altos y bajos, pero en los últimos años hemos conseguido que la empresa fuera lo suficientemente rentable para poder empezar otros proyectos como el de ropa. Todos los beneficios reinvertidos en el desarrollo de los proyectos lifestyle”, explica la empresaria, reconociendo que el momento de madurez de Miista ha precisado de varios cambios de organización. De un modelo centralizado en Londres desde 2001, que incluía únicamente la producción en España, a una multiplicidad de estructuras en los últimos 3 años, con el objetivo de prepararse de cara al Brexit. A día de hoy, en Londres únicamente se encuentra el equipo de marketing y ventas; mientras que la logística es gestionada por la propia marca desde Oporto, Galicia aloja el desarrollo de producto y la producción de ropa y Alicante acoge el control de calidad y desarrollo de calzado.


Campaña Their Gaze / Julie Poly - Miista



Registrando un crecimiento estable de entre el 45 % y el 50 % al mes con respecto al año anterior, para la marca de los 448K seguidores en Instagram, el e-commerce representa la parte más importante de su negocio. “Conseguimos mantener este crecimiento durante la pandemia, cuando las tiendas estaban cerradas y se cancelaron muchos pedidos de los department stores, gracias a la web. ¡No sé lo que habríamos hecho sin el online!”, bromea la emprendedora sobre su compañía “de carácter independiente de crecimiento orgánico”. Ante la posibilidad de abrir su capital, se muestra compartida entre los pros y los contras. “Queremos que el negocio genere su propio medio de crecimiento. Todo depende de lo que quieras crecer. Muchas veces nos hemos planteado si sería buena idea contar con el apoyo de un inversor, pero hasta ahora hemos preferido una forma orgánica que nos ha permitido hacer las cosas de forma diferente y creativa”, argumenta.

Estados Unidos y Francia, los principales mercados



Con Estados Unidos como principal mercado en volumen de facturación, seguido de Francia, Alemania, Holanda e Italia, los próximos planes de la firma pasan por extender su red de tiendas propias, con las que actualmente opera en Londres, Barcelona y Le Marais, en París. ¿La prioridad? Espacios estratégicos en ciudades como Nueva York o Los Ángeles, que completen su desarrollada red de puntos de venta internacionales. Y Miista tampoco cierra las puertas en París. Si su tienda efímera dedicada a la moda, situada durante un mes en el número 22 de la rue Debelleyme, la idea sería abrir un segundo espacio en la ciudad. Además, el formato de presentaciones pop up continuará en Barcelona, en el mes de abril, seguida de Nueva York, en el mes de mayo.

Asimismo, la fidelización del cliente “será el principal foco de inversiones”, con un intenso trabajo sobre las cuestiones de talla y atención al cliente para evitar las devoluciones directas. Por su parte, la adquisición de cliente se anuncia como un desafío, teniendo en cuenta que el abanico de clientes de la marca es "muy heterogéneo", abarcando mujeres de entre 20 y 60 años.

“Nuestra comunidad es fundamental para la marca”, subraya Laura Villasenin varias veces a lo largo de la conversación, insistiendo en su voluntad de que Miista sea "una plataforma". En esta línea, la firma cuenta con sus propios talks y podcasts. “Surgen para hablar del talento de mujeres haciendo cosas super interesantes desde un punto de vista diferente. Queremos mostrar las subculturas que siempre nos han influenciado a la hora de crear”, detalla la empresaria. Sin ir más lejos, el último episodio está dedicado a la fotógrafa vanguardista ucraniana Julie Poly. Miista, por su parte, dejó de vender en Rusia desde el estallido de la guerra.

“No queríamos limitar nuestros proyectos a la moda en sentido estricto, sino compartir los intereses”, asegura sobre su interés por la divulgación. “Igual es por mi carácter gallego, pero en realidad, creo que es mucho más interesante abrir la mirada hacia otros proyectos en lugar de hablar solo de mi propia marca”, confiesa entre risas.


 

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