No hay primavera para Hermès

¿Es una aventurera? ¿Una seductora? ¿Una espía o solo una bella aristócrata de viaje? A la caída del sol, en un jardín de invierno (el suntuoso jardín del Lycée Victor Duruy) bañado por una intensa luz roja, la mujer Hermès para el próximo invierno, imaginada por la directora artística Nadège Vanhee-Cybulski, parece recién salida de una película de Hitchcock, una heroína enigmática en versión contemporánea.


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Hermes - Fall-Winter2018 - Womenswear - Paris - © PixelFormula

Elegante y deportiva a la vez, con vestidos ceñidos y faldas cruzadas, combina atuendos cómodos con estilismos más agresivos, tal y como rebelan las numerosas prendas de cuero elástico (vestidos pantalones, camisas, cazadoras), a veces decoradas con tachuelas y recurriendo a cadenas de vez en cuando a modo de cierres y cremalleras en algunos bolsillos.

Calzada con botas de colores por encima de la rodilla de piel de cabra (naranja, verde andalucita, azul ultramar), con suelas anchas de goma en el mismo tono, se protege del frío con mitones largos de cachemira y luce bomboneras tipo joya que recuperan las famosas tachuelas metálicas Medor de forma piramidal de la casa.

Tras estos aires de mujer fuerte se esconde también un lado angelical, cuando la modelo se pone un vestido camisero de seda color amarillo oro con motivos diminutos o un mono pantalón tipo vestido de cuadros blancos con bordados rojos.

Y como debe ser en Hermès, siempre hay alguna referencia a la equitación. La encontramos en los bordados de una blusa con cuello polo que recuerdan a los motivos de la camisa cow-boy, en cazadoras acolchadas, en abrigos, en estolas recogidas a modo bandolera con correas de piel que simulan ser un bolso, todo listo para una cabalgada improvisada.
 

Traducido por Ana Ibáñez

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