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París analiza la figura de las maniquíes en una exposición sobre la moda

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EFE
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15 feb. 2013

París - El Museo Galliera de París presentó hoy en "les Docks", junto al Sena, una exposición titulada "Maniquí, el cuerpo de la moda", donde analiza la función de la "percha" humana en la creación de los grandes modistos.

La muestra, compuesta de cerca de 120 fotografías, además de vídeos y revistas de moda, es una retrospectiva que indagará en el papel de la "maniquí humana" desde el siglo XIX, y lo hará hasta el próximo 19 de mayo en la Ciudad de la Moda y el Diseño de París.

El elemento diferencial de esta exposición consiste en la elección del punto de vista, que deja a un lado el del fotógrafo, el modista o la propia industria de la moda para centrarse en la visión de la modelo, que vive una oscilación ambigua entre objeto y sujeto.

De izquierda a derecha y de arriba abajo: Modelo de Paquin © Galliera/Roger-Viollet; Henry Clarke, agosto 1951 Modelo Bettina © Henry Clarke/Galliera; Guy Bourdin, verano 1978 Charles Jourdan Modelo Nicolle Meyer © Guy Bourdin con la autorización de la galería Michael Hoppen Contemporary, Londres; Corinne Day, 1990 Modelo Kate Moss © Corinne Day/Galliera

"Tenía ganas de ocultar la noción del autor y ver qué ha ocurrido en la representación del modelo femenino en esas imágenes desde el siglo XIX hasta ahora", declaró a Efe Sylvie Lécallier, comisaria de la muestra.

Hay elementos "transversales" que perduran todavía y problemáticas que atraviesan todo el siglo, como "la ambivalencia del estatus de las modelos entre el simple perchero y la modelo estrella", agregó.

Y es que el maniquí de carne y hueso tradicionalmente tenía un "estatus de objeto inanimado" y encarnaba el "ideal femenino de belleza y juventud", capaz de seducir con una "perfección totalmente artificial".

Es esta artificialidad de la maniquí la que atrae a Lécallier, ese paso del ser humano por diferentes manos -peluqueros, maquilladores, redactores de moda, fotógrafos- hasta convertirse en un autómata, algo completamente irreal.

"El cuerpo de la maniquí es un cuerpo que está fabricado por la moda y es completamente artificial", remachó.

Antiguamente, eran las modistas o las dependientas de las tiendas las que posaban, y a pesar de que en los años treinta algunos nombres femeninos ya empezaban a sonar, no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando, según la experta, se reconoció el trabajo de modelo como un oficio.

Los inicios no fueron fáciles: en el siglo XIX se consideraba "deshonroso" que las modelos vivieran de su cuerpo, por lo que aparecían sin cabeza para mantener su anonimato.

En los años veinte desembarcó en París el patrón femenino americano: mujeres "altas, delgadas, sin caderas y con tobillos finos", en un culto a la belleza y la juventud que perdurará con ligeros cambios a lo largo de todo el siglo.

A partir de 1945, algunas modelos empiezan a despuntar, cobran más y el oficio se empieza a organizar en agencias de modelos, que entre otras cosas, van a "defender la profesión y sus condiciones de trabajo", señaló Lécallier.

Pero el culmen, la "Edad de Oro", vendrá de la mano de "top models" tan famosas como Naomi Campbell o Cindy Crawford en los años ochenta y noventa, que impondrán su nombre y apellidos y se convertirán "en sus propias musas" y participarán de la mediatización de la profesión.

Así es como se ha pasado del maniquí anónimo a la "chica de portada", del perchero al "sex symbol", una transición que revela "el valor estético pero también humano" de las maniquíes.

En la exposición se podrán contemplar imágenes que ilustran todos estos cambios registrados en la moda a través del cuerpo por excelencia, el de las modelos, así como instantáneas de fotógrafos inolvidables como Man Ray, William Klein, Irving Penn o el controvertido Helmut Newton.

También se expone una de las instantáneas que catapultarían a la fama a una jovencísima Kate Moss, antes de que se convirtiera en una de las maniquíes mejores pagadas de la historia, así como un vestido de novia de 1966 firmado por diseñador Cristóbal Balenciaga, que ha sido prestado por los Archivos Balenciaga para la ocasión.

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