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Traducido por
Eva Gracia Morales
Publicado el
21 feb. 2018
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4 minutos
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Gucci convierte su desfile en Milán en una sede de la Clínica Mayo

Traducido por
Eva Gracia Morales
Publicado el
21 feb. 2018

Celebrado a las afueras de la ciudad, en el espacio oficial de presentaciones de Gucci, el set con paredes de color verde tenía también lámparas quirúrgicas que colgaban del techo, como las de un quirófano. En este decorado, que recordaba a la Clínica Mayo, con mesas de operaciones colocadas sobre alfombras de goma, los colores emblemáticos de Gucci se diseccionaron como en una sesión de cirugía.
 

Gucci, otoño-invierno 2018 - Pixelformula


La invitación al evento era una caja que descontaba el tiempo, aunque la cuenta atrás del director creativo de Gucci, Alessandro Michele, había comenzado la semana anterior. Muy adecuada para la ocasión, la banda sonora comenzó con el Stabat Mater, un canto católico a la Virgen María que retrata su sufrimiento como madre de Jesucristo.

Sin embargo, el personal del hospital quirúrgico de Michele estaba muy lejos de estar decaído. Todo lo contrario, pues habían dado forma al último giro de la visión maximalista de la moda del diseñador. Fue una colección inspirada en el incidente o broma concerniente al descubrimiento de una cría de dragón en una jarra en un garaje de Oxfordshire.

Una modelo ataviada con un vestido de terciopelo negro con tachuelas doradas y corte de túnica llevó en sus manos un pequeño dragón como los de ‘Juego de Tronos’ a modo de mascota. Mientras, una joven desfiló sosteniendo una falsa serpiente de rayas rojas que recordaba a las que han poblado los bolsos de Gucci diseñados por Michele. Muy sorprendente fue ver a un modelo pelirrojo vestido con un abrigo Chesterfield llevando en sus manos una copia exacta de su propia cabeza. Esa imagen parecía gritar “¡Ay, pobre Yorick! Yo le conocía, Horacio: tenía un humor incansable, una agudeza asombrosa!”, parte del monólogo sobre la muerte que Shakespeare escribió en Hamlet y que podría haber descrito al propio Michele.
 

Gucci, otoño-invierno 2018 - Pixelformula


Pese a todo, quedó lejos de ser un desfile histórico, con una modelo intelectual y con gafas vestida con un traje gris con el logo de los New York Yanquees impreso en el pecho, chicas con combinaciones de prendas vintage reimaginadas o looks deportivos de calle. También paseó por la pasarela lo que podría parecer una viuda china con la cabeza cubierta por un velo rosa tras un escritor intelectual de Brooklyn vestido con un jersey acanalado de los años 50. Destacaron igualmente los looks con abrigos voluminosos con estampado de arlequín y una pareja vestida con chaquetas que recordaban a las de Chanel, una con tweed de flecos y otra con micro lentejuelas rojas muy bien colocadas.

Otra propuesta fue una chaqueta de esmoquin de color verde, como el de las mesas de billar, con botones alargados y un toque absurdamente aristocrático. También mantuvieron alto el componente humorístico una chaqueta de tipo austriaco con el logo de los NY Yankees y los trajes de color rosa.

Muchas cabezas aparecieron cubiertas con extravagantes pasamontañas o con turbantes y pañuelos. Para los looks de fiesta, Michele presentó blusas de seda con múltiples lazos o camisetas con bonitas G dobles. Lo mejor de todo fueron los vestidos de perlas y de cristales de fantasía dignos de una marajá que se va de compras por París. Para el día, trajes de raya diplomática y bolsas de tela con el logo, todo cubierto con una gabardina de plástico. El mismo plástico empleado para dar forma a enormes bolsas de fin de semana.
 
No hay duda de que esta colección mantendrá el buen ritmo de ventas de Gucci, la marca de lujo con mayor crecimiento a día de hoy. Sus fans correrán a las tiendas a hacerse con los productos. Hay que recordar que el volumen de ventas de Gucci creció el pasado año pasado un fantástico 42%, lo que se traduce en 6 211 000 millones de euros. Como detalle merece la pena destacar que el casting de Michele ni siquiera se acercó a la mesa de operaciones en la colección más variada del diseñador hasta la fecha.

Un reloj que marcaba la cuenta atrás, como el de la invitación, continuó reapareciendo en la banda sonora antes de que el doctor Alessandro saliera a saludar al público vestido con sus vaqueros y su camisa de color azul celeste. Una moderada serie de aplausos y la ausencia del carrusel final marcaron el cierre del desfile. Los asistentes permanecieron unos minutos sentados en sus asientos no muy seguros de si la presentación había terminado o no. Un final curioso para un desfile tan elaborado.

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