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Lagerfeld ofrece a Chanel un memorable desfile de lujo, plumas y lentejuelas

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EFE
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6 oct. 2010

París, 5 oct (EFE).- Karl Lagerfeld dio a Chanel uno de sus desfiles memorables, bajo el inmenso tejado de vidrio del Grand Palais de París, cuya monumentalidad resaltó aún más con una inmensa pasarela negra, gris y blanca, de curvas y geometrías versallescas, donde presentó su colección para la primavera-verano 2011.


Karl Lagerfeld, Chanel
Chanel primavera-verano 2011

El color vino de los modelos, color pastel, celeste, rosa o amarillo; de sus bordados y texturas dorados o plateados; de sus estampados floreados sobre negro en conjuntos de inspiración gitana; o de sus ajustados vaqueros grises acribillados de pequeños agujeros sobre fondo rosa.

Las elegantes mezclas de blanco y negro, en perfecta armonía con el jardín versallesco de lava, piedras y arena que colocó el modisto alemán en el Gran Palais, fueron otras de las características principales del verano próximo de Chanel, junto a la abundancia de bordados de lentejuelas e incrustaciones de plumas en hombros, ribetes, detalles, faldas y mangas.

En ausencia de plumas, estratégicos agujeros, literalmente devorados, decorarán pantalones vaqueros muy ajustados, pero también conjuntos de falda y chaqueta típicamente Chanel, como carcomidos a placer en el baúl del tiempo.

El short será un elemento fundamental del verano que viene, tanto como los ribetes dorados y plateados en el bajo de una chaqueta, o como las pequeñas mangas aladas y estructuradas de un vestido de lamé viejo oro enteramente bordado.

Podrá hacerse mínimo hasta su mínima expresión, casi invisible bajo su chaqueta; teñirse de negro con top escotado de tirantes y pañuelo; o convertirse en prenda amarilla para terminar en un pequeño fleco deshilachado, a juego con su chaqueta y sus botines abiertos a los lados.

Otras veces, el short terminará ribeteado de oro, portado con un collar también dorado de finas y múltiples vueltas, y con botines de suela compensada, bordados enteramente sobre los pies, hasta casi el inicio de los tobillos.

Largas o cortas, las faldas podrán ser estampadas en flores de colores vivos sobre negro, transparentes u opacas, de estilo gitano.

Para las ocasiones que exijan la máxima etiqueta se impondrá el negro, en alguna de sus múltiples versiones Chanel, en vestidos de línea trapecio cortos, hasta las rodillas, o largos, combinados si es preciso con abrigos de tul y mangas de plumas negras.


Karl Lagerfeld, Chanel

El público celebró con entusiasmo la magnitud del evento, animado por una orquesta de más de medio centenar de músicos, y en el que volvió a desfilar entre otras musas históricas de la firma la maniquí y también diseñadora Inès de la Fressange.

No fue la única nota entrañable del desfile, que tuvo entre sus protagonistas a un joven modelo acompañado de un bebé que apenas podía andar, ambos vestidos con camisa y pantalón vaquero azul, bajo americana de tweed blanco Chanel ribeteada de negro.

Jean-Charles Castelbajac, por su parte, buscó en la literatura para crear conjuntos, túnicas, trajes pantalón, camisas y blusas a la imagen de una de las colecciones más célebres de la editorial Gallimard, la de formato beige con un fino rectángulo rojo en su portada.

Verdaderos libros Gallimard andantes, sus maniquíes rindieron simultáneo homenaje a uno de los autores más famosos de la editorial, el escritor, poeta y aviador Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944).

El modisto celebró de manera especial algunos de sus libros, como "Vol de nuit" (1931), y, por supuesto, su obra más conocida, "El principito" (1943), con cuya efigie ilustró numerosas prendas.

El título del evento "Uta.Über Tropikal Airlines", abierto por una exótica azafata, anunciaba igualmente una marcada inspiración africana de formas, tejidos y animales, que incluían estampados cebra y cabezas de tigre bordadas de lentejuelas sobre vestidos largo de fiesta con escote palabra de honor.

Además, Francia y algunos de sus símbolos más característicos ocuparon un papel principal en la pasarela Castelbajac, que tomó los colores de su bandera, blanco, rojo y azul, en forma de enorme lazo posterior, para adornar un vestido de gala cuyo delantero portaba la mismísima Torre Eiffel bordada con lentejuelas.

La misma torre surgió igualmente sobre el cuello, en forma de collar, repetida en multitud de ejemplares idénticos a los pequeños "souvenirs" en venta para turistas por todo París.

Con Ingrid Vlasov, el verano 2011 será negro, blanco y gris, de puntillas, transparencias, shorts y bellos conjuntos entallados hasta la cintura, abiertos luego en amplias y fluidas faldas largas.

Mientras que la noche será de Kenzo, célebre firma propiedad del número uno del lujo mundial, LVMH, que celebra sus 40 años de creaciones en el Circo de Invierno; y de la revista Grazia, que promete un baile de disfraces hasta pasadas las cuatro de la madrugada, en la mítica Opera Garnier.

Lola Loscos

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